lunes 21 de noviembre de 2011

Houellebecq: una batalla muy personal

Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, Francia - 1956 o 1958)

Calificado como el 'niño terrible de las letras francesas', Michel Houellebecq protagoniza en la actualidad uno de esos fenómenos editoriales que trasciende las fronteras del culto para instalarse en lo más distinguido de los listados de los más vendidos –entiéndase también en el sentido de sus altos volúmenes de ventas en las librerías–.

El fenómeno vio la luz en 1994 con su primera novela: Ampliación del campo de batalla, un título genérico que no da muchas pistas sobre su contenido, pero que hoy se posiciona como una lectura obligada para los que quieren estar al tanto de la movida literaria mundial.

Esta novela llegó a mis manos casi por casualidad. Fue el resultado de esas visitas esporádicas a la librería que terminan, irremediablemente, arrancando del bolsillo una buena suma de dinero y entregado a cambio un pequeño libro, de edición sencilla, que promete lo nefando desde lo profundo.

No sabía nada del autor. Me intrigaba la temática de su libro: un ingeniero de sistemas fastidiado con su trabajo de asesorar a los clientes de su compañía en el uso e instalación de novedosos programas informáticos. Una labor definitivamente desquiciada que no podría tener otro resultado que la afectación de la mente de tan identificable personaje: un tipo de 30 años, sin novia, cansado de la sociedad y de las mujeres, con un trabajo abominable, un ingreso promedio y un futuro incierto, que deambula por la vida despreciando todo a su alredor, envolviendo dentro de su espiral autodestructiva a los que se atraviesan en su camino.

Un argumento bastante predecible en estos tiempos de angustiante existencia laboral, pero narrado de forma magistral, con ese sarcasmo propio de un autor a quien, por lo menos en sus inicios, no le importaba el que dirán, ni la empalagosa ponzoña de la crítica.

Célebre por sus declaraciones polémicas, calificado por muchos como antisemita y racista, Houellebecq se pasea por el pasillo de la fama literaria, emanando veneno deliciosamente escrito en frases cortas que arman párrafos pequeños y que a su vez componen capítulos que se leen fácil y que seducen por la inteligencia con la que fueron compuestos. De esta forma es que Ampliación del campo de batalla se vuelve una lectura indispensable, por lo menos para mí.

domingo 30 de octubre de 2011

El Bonsái de Alejandro Zambra

Alejandro Zambra (Chile - 1975)


Dejar de escribir. Dejar de vivir. Abandonar el mundo exterior para internarse en la soledad de una habitación a contemplar el crecimiento, mínimo e imperceptible, de un bonsái. Un árbol diminuto forzado a no crecer por el efecto de la poda. Una historia extensa, pero mutilada hasta sus límites primarios para hacerla apenas entendible.

Alejandro Zambra, uno de esos poetas que se han dejado seducir por la prosa, entrega en su novela Bonsái (Anagrama, 2006) el resumen de una historia fragmentada y minimalista en la que Julio, el protagonista, se reinventa a partir de la desaparición de la mujer que ama.

El autor confiesa que no era su intención escribir una novela, sino hacer el resumen de una novela. Contar una historia a través de la sumatoria de pequeños momentos: los mínimos necesarios para construirla.

Según las conjeturas del propio Zambra, intentaba en esta novela seguir las palabras de Borges: escribir como si se redactara el resumen de un texto ya escrito. Y así lo hizo, esa fue su fórmula. Empezó con el título. Él quería leer una historia que se titulara Bonsái, por eso se propuso escribirla, aunque en principio no tenía idea cuál podría llegar a ser esa historia. Tenía el título y la imagen de una obra de arte en la que un velo cubría un árbol: un árbol cerrado.

Fue por la contemplación, fue por el amor, más bien por el desamor, por la contemplación posterior al desamor, a la partida, a la ausencia de esa/ese que se fue, que ya no está, que no vendrá más. No importan los motivos, sólo el hecho de podar la historia de Julio y su enamorada hasta punto de convertirla en una novela bonsái, no en una novela corta ni en un cuento largo, en una novela bonsái.

Alejandro Zambra es chileno, como chileno fue Bolaño y también Neruda y Mistral. Zambra es joven con pose de irreverente con argumentos, estudiado, definido y consecuente. Zambra es la nueva cara de las letras chilenas. Zambra por ahora es un escritor bonsái, no un gran escritor, no un mal escritor, sólo, por ahora, un escritor bonsái.


domingo 29 de mayo de 2011

EL ILUSTRE W. S. GILBERT 100 AÑOS DESPUÉS

W.S. Gilbert (1836 - 1911)

Sir William Schwenck Gilbert murió de un paro cardiorrespiratorio el 29 de mayo de 1911 mientras enseñaba a nadar a dos mujeres en un lago cercano a su casa. Se dice que el dramaturgo intentó auxiliar a una de sus improvisadas alumnas, que había caído por accidente al lago, y mientras luchaba para sacar a flote el cuerpo de la angustiaba mujer, su corazón se detuvo de repente causándole la muerte.

Como los distinguidos de su época, llevaba las patillas largas y el bigote ensortijado, cuidadosamente motilado y siguiendo la misma ondulación arqueada de sus cejas. Usaba los pantalones arriba del ombligo, saco leva, chaleco y pañuelo de brillante satín.

En mayo de 2011 se cumple el centenario de la muerte de Gilbert, quien dedicara su vida a la dramaturgia y a la ilustración. Precursor de los musicales que hoy colman las salas de Broadway, escribió obras de teatro, libretos, historias, poemas y canciones, que en su mayoría tenían un carácter cómico.

Siendo fiel a la estirpe de los de su clase, durante años envió cartas románticas a la por ese entonces jovencita Lucy Agnes Turner, una rubia de ojos azul intenso, de buena familia e impecables modales, que terminó seducida por su galantería y lo prolífica versatilidad de sus palabras. Se casaron cuando él tenía 31 años y ella 17.

Gilbert logró gran reconocimiento en su país gracias a las ilustraciones cómicas que hacía para la revista Fun y al libro de poemas Bad Ballads, que recogió su trabajo para esta publicación y que fue un gran éxito a nivel nacional.

Sin embargo, sería el teatro lo que conferiría a Gilbert la fama mundial; hoy, 100 años después de su muerte, prácticamente olvidada. Inició este camino con la pantomima Dulcamara, or the Little Duck and the Great Quack, la cual escribió por encargo de su amigo Tom Robertson, quien se había negado a escribirla en menos de dos semanas.

Después de este éxito, se asoció con el productor musical Thomas German Reed y su esposa Priscilla Horton, para realizar obras en el Gallery of Illustration, espacio creado por Priscilla para rescatar las buenas formas del teatro londinense, por ese entonces venido a menos debido a la imponencia del teatro parisino.

Siendo parte del Gallery of Illustration, Gilbert escribió seis obras que gracias a sus juegos de palabras le permitieron codearse con lo más distinguido de la clase alta londinense y le abrieron las puertas para dirigir en los teatros más importantes de la época en Inglaterra.

Gilbert no sólo fue genial por las más 70 obras que escribió y dirigió y por sus colaboraciones con Sir Arthur Sullivan, sino por fusionar de forma magistral la música y el teatro, sentando las bases de los musicales contemporáneos, y por su estilo de dirección, el cual imponía disciplina y absoluto rigor a los actores y que le otorgó fama de iracundo e irracional.

Teniendo en cuenta que el legado de Gilbert sobrevive hasta nuestros días y que, incluso, el genial Oscar Wilde aceptó haber sido influido por su obra, decidimos rendirle este pequeño homenaje al cumplirse los 100 años de su muerte.